¿Por qué me doy atracones?

Descubre qué hay detrás de la pérdida de control con la comida y por qué los atracones pueden convertirse en un ciclo difícil de romper.

Muchas personas viven los atracones con una mezcla de desconcierto y culpa. Saben que probablemente después se sentirán mal, que preferirían no hacerlo, y aun así sienten que no pueden parar de comer.

A veces aparece la sensación de que algo “no funciona” dentro de uno mismo:
“¿Por qué hago esto si sé que no me hace bien?”

Esta experiencia puede resultar muy angustiante y generar mucha autocrítica. Sin embargo, en la mayoría de los casos los atracones no tienen que ver con falta de fuerza de voluntad, sino con la interacción de diferentes factores psicológicos, biológicos, relacionales y contextuales que se han ido configurando con el tiempo.

La relación con la comida no se construye de forma aislada. Se desarrolla en diálogo con la historia personal, las experiencias emocionales, el entorno relacional, el contexto cultural y también con el propio funcionamiento del cuerpo.

Comprender qué hay detrás de los atracones suele ser un primer paso importante para empezar a salir de ese ciclo.

 

“No entiendo por qué me doy atracones si sé que me hará sentir peor”

Ésta es una de las preguntas más frecuentes.

Muchas personas que sufren atracones son plenamente conscientes de que después aparecerán emociones difíciles: culpa, vergüenza, frustración o sensación de pérdida de control. Y aun así el impulso aparece con mucha fuerza.

Esto ocurre porque, en muchos casos, el atracón cumple alguna función psicológica, aunque a largo plazo genere sufrimiento.

Por ejemplo, puede aparecer como una forma de:

  • aliviar momentáneamente emociones intensas
  • reducir la ansiedad o la tensión acumulada
  • desconectar de pensamientos difíciles
  • encontrar un momento de calma después de un día muy exigente

Durante el atracón puede producirse una sensación momentánea de alivio o desconexión. El problema es que este alivio suele ser breve y después aparece el malestar.

Por eso muchas personas sienten que están atrapadas en un ciclo que se repite.

 

Los atracones suelen tener múltiples factores

En la mayoría de los casos los atracones no tienen una única causa. Suelen aparecer cuando varios factores se combinan e interactúan entre sí.

Entre los más frecuentes encontramos:

Factores emocionales

  • dificultad para regular emociones intensas
  • ansiedad, tristeza o sensación de vacío
  • altos niveles de autoexigencia o perfeccionismo

Factores relacionados con la alimentación

  • periodos de restricción o control excesivo
  • reglas rígidas sobre lo que se puede o no se puede comer
  • preocupación constante por el peso o el cuerpo

Factores corporales y biológicos

  • respuestas del organismo a la restricción prolongada
  • aumento de la preocupación por la comida cuando el cuerpo percibe escasez
  • mayor sensibilidad a las señales de recompensa asociadas a determinados alimentos

Factores relacionales

  • dificultades para expresar necesidades o emociones
  • dinámicas relacionales exigentes o conflictivas
  • experiencias tempranas que han influido en el autoconcepto o en la relación con el cuerpo

Factores culturales y sociales

  • presión social sobre el cuerpo y el peso
  • idealización de determinados modelos corporales
  • discursos culturales sobre la alimentación “perfecta” o el control del cuerpo

Cuando varios de estos factores coinciden, la relación con la comida puede volverse más vulnerable.

 

¿Por qué los atracones suelen aparecer después de intentar controlarme mucho?

En muchos casos los atracones están relacionados con periodos de control alimentario muy estricto.

Cuando una persona intenta controlar mucho lo que come —por ejemplo eliminando alimentos, saltándose comidas o intentando comer “perfectamente”— el cuerpo y la mente entran en un estado de tensión constante alrededor de la comida.

Con el tiempo, este control puede volverse difícil de sostener.

En ese momento puede aparecer la pérdida de control: comer de forma rápida, con sensación de urgencia y dificultad para parar.

Después del atracón suele aparecer la culpa, y muchas personas intentan compensarlo volviendo a controlar aún más la comida.

De esta forma se va configurando un ciclo bastante frecuente:

restricción → pérdida de control → culpa → más restricción

Además, en algunas personas el control alimentario puede estar vinculado a rasgos como el perfeccionismo, la autoexigencia o la necesidad de mantener una sensación de orden y control interno. Cuando ese sistema de control se rompe, el contraste puede vivirse con mucha intensidad.

 

¿Es lo mismo un atracón que comer de más?

No necesariamente.

Comer más de lo habitual en ocasiones —por ejemplo en una celebración o en una comida especial— forma parte de la experiencia normal con la comida.

Un atracón suele tener características diferentes:

  • aparece una sensación intensa de pérdida de control
  • la comida se consume de forma rápida o compulsiva
  • muchas veces ocurre en soledad
  • suele ir acompañado de emociones difíciles como culpa o vergüenza

Más allá de la cantidad de comida, lo que suele marcar la diferencia es la sensación de no poder parar y el malestar que aparece después.

 

¿Por qué siento que no puedo parar cuando empiezo a comer?

Muchas personas describen los atracones como si algo se activara de forma muy intensa una vez que empiezan a comer determinados alimentos.

Esto puede tener varias explicaciones.

Por un lado, cuando la alimentación ha estado marcada por la restricción o por reglas muy rígidas, el cuerpo puede reaccionar aumentando el impulso hacia la comida.

Por otro lado, el propio contexto emocional puede influir mucho. Cuando una persona llega muy cansada, estresada o emocionalmente desbordada, la capacidad de regulación emocional y de control de impulsos puede verse reducida.

En estas situaciones, el atracón puede aparecer como una forma rápida de aliviar la tensión.

 

La relación con la comida también se construye en relación con otros

La forma en que nos relacionamos con la comida y con el cuerpo no se desarrolla únicamente a nivel individual.

Las experiencias relacionales, las dinámicas familiares, los modelos recibidos sobre el cuerpo o la alimentación, y la forma en que se han gestionado las emociones en el entorno cercano pueden influir en cómo una persona aprende a relacionarse con la comida.

En algunos casos, los atracones pueden aparecer como una forma de regular tensiones emocionales o relacionales que resultan difíciles de expresar de otro modo.

Esto no significa que exista una única causa ni que pueda señalarse a una sola influencia, pero sí recuerda que la relación con la comida también se construye dentro de un contexto relacional y cultural.

 

Cuando los atracones se convierten en un ciclo difícil de romper

Con el tiempo, los atracones pueden ir configurando un patrón que se repite.

Muchas personas describen algo parecido a esto:

  • intentan controlar la comida
  • aparece tensión o ansiedad
  • ocurre un episodio de pérdida de control
  • aparece culpa o vergüenza
  • vuelven a intentar controlar la comida con más intensidad

Este ciclo suele reforzar la sensación de fracaso personal, cuando en realidad se trata de un patrón psicológico bastante conocido en los trastornos de la conducta alimentaria.

Romper este ciclo no suele consistir en “controlarse más”, sino en comprender qué factores lo están manteniendo.

 

¿Cuándo puede ser buena idea pedir ayuda?

Muchas personas conviven con los atracones durante años pensando que deberían poder resolverlo solas.

Sin embargo, cuando la relación con la comida empieza a generar sufrimiento, pérdida de control o una preocupación constante por el cuerpo y la alimentación, puede ser útil hablar con un profesional especializado.

Los atracones no suelen ser simplemente un problema de control con la comida. Con frecuencia forman parte de un entramado más amplio que incluye la regulación emocional, la relación con el cuerpo, la historia personal y las experiencias relacionales.

Comprender este entramado suele ser un paso importante para empezar a transformar la relación con la comida de una forma más profunda y sostenible.

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